Blimagen: Despedida

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Tras más de 10 años trabajando en el centro, con discrepancias a veces pero en general cómodamente, ya tenía asumido que me iba a jubilar aquí. Pero no. Las decisiones tomadas por el claustro en los últimos cursos me han ido empujando a esta situación.

No las culpo, pues no tenían mala intención, y al final ni a ellas les hizo gracia el asunto, pero desde que aquellas compañeras hicieron ese Máster en metodologías del siglo XXI (o algo así era el título, ahora no lo recuerdo), el talibanismo metodológico empezó a extenderse. Plantaron una semilla interesante en el colegio, con la idea de que la mejora docente se extendiese como las raíces y las ramas de una planta. Y lo cierto es parte de esas innovaciones dieron su fruto: actividades chulas, mayor motivación del alumnado, modernización de métodos y recursos,... Pero nada puede crecer continuamente, y menos cuando además de flores hay espinas.
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Vengan leídos de casa

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Ayer en el Congreso de los Diputados se debatía una moción de censura (no tengo claro si es la preposición adecuada), contra el presidente del gobierno. Algunos de los presentes, tanto en los escaños como en la tribuna de invitados, dedicaron parte de la jornada a la lectura, a jugar en la tablet, y vaya usted a saber qué otros menesteres. Las redes sociales y los medios de comunicación dieron cuenta de ello: en clave de humor, de crítica, o de "posicionamiento político", es decir, defendiendo o acusando en función de la afinidad con el personaje en concreto. Obviamente, no me parece bien dicha actitud, pero hay cosas que me extrañan.

Una, el revuelo, cuando siendo sinceros es algo casi normalizado en nuestra sociedad, y no sólo en el ámbito político (lo de si era Candy Crush o no es una simple anécdota). Vas a una reunión de la comunidad de vecinos, y el del 2ºB está poniéndose al día en su red social favorita, mientras otro para no aburrirse tira de los socorridos folletos publicitarios que acaba de retirar de su buzón; eso sí la derrama que se acaba de aprobar tendrán que pagarla todos. U otra habitual: estás en un claustro de profesores, y mientras una recorta lo que acaba de plastificar, un par corrigen libretas y exámenes que tienen pendientes, y siempre hay un osado (por no decir maleducado), que directamente, sobre la mesa y sin disumulos, lee el periódico mientras el equipo directivo aborda los puntos del orden del día. Por cierto: ¿estos docentes son de los que exigen atención absoluta cuando hablan ante su alumnado? En muchos casos sí.

Otra cosa a puntualizar es que no debemos culpar a la herramienta: ni una tablet ni un libro son buenos o malos en sí mismos: prohibirlos o limitarlos sería un sinsentido.  No es malo que un político/docente/profesional haga una consulta o gestión en un dispositivo digital o analógico. Es positivo que se haga una consulta bibliográfica para aclarar un asunto, y es normal que en una reunión alguien saque el móvil un momento, ya que hoy por hoy es una herramienta fundamental y multifunción: puede estar consultando/anotando algún dato importante sobre el asunto a tratar, ajustando su agenda en función de lo que se informa,... o incluso atendiendo a algo personal un instante y no pasaría nada (conciliar es algo complicado, y si se hace de forma ética no tiene porque ser problemático).
Lo que es chungo es si tras estas cosas hay menosprecio a las funciones de los demás, dejación de  las funciones propias, o directamente vagancia y mucho morro. Y eso sí que hay que evitarlo. Pero todos, trabajemos en lo que trabajemos, y con más cuidado si en nuestro ámbito laboral jugamos un papel ejemplarizante. Por tanto, cuando sea el próximo claustro/comisión/etc., vengamos leídos de clase o de casa.

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Pensar visualmente

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Las palabras son importantes, pero en ocasiones estamos rodeados de demasiada verbalidad. Incluso en un medio tan flexible como Internet, en el que conviven la iconicidad y el audiovisual con el texto, la mayoría de webs siguen dando prioridad a lo escrito (cuando podría ser oral, o multicanal), y a nociones textuales tradicionales (como la de "página", que debiera ser substituida por el hipertexto o texto plegado).

Y en la educación formal pasa más o menos lo mismo: todo acaba de una forma u otra en la escritura. Obviamente la lectura y la escritura son aprendizajes importantes; pero no lo son menos la expresión y la comprensión oral, y la expresión y comprensión visual (refiriéndonos aquí a la lectura de imágenes, la comunicación artística, etc.), así como otras formas de comunicación condenadas no ya un segundo, sino a un tercer plano (¿alguien ha dicho músical, plástica, corporal,...?.

Es un sinsentido: ¡hay tantas cosas que inundan la vida real y que facilitan el día a día, pero que al traspasar la verja del colegio parecen desvanecerse! En este caso, vivimos rodeados de señales de tráfico, de pictogramas en el centro comercial, de esquemas gráficos en los manuales de instrucciones, de iconos en nuestros teléfonos y ordenadores,... de medios de comunicación audiovisuales; pero cuando entramos en clase, la palabra toma el mando y el boli se dedica en exclusiva a la escritura y la caligrafía. ¿Cuántas veces el profe se pasa minutos y minutos, u horas, disertando sobre un tema que podría ser mucho más fácil y rápidamente entendido de recurrir a una infografía o un vídeo? ¿Qué potencial podrían tener los esquemas y mapas conceptuales de añadirles iconos, formatos,...? ¿Por qué empeñarse en que los alumnos "demuestren sus conocimientos" por escrito, si podrían hacerlo gráficamente?

Pues el último NOOC del INTEF (y es ya el octavo de la serie), ha tratado sobre estos aspectos visuales. Bajo el lema de aprender a pensar visualmente, hemos abordado brevemente la forma de traducir ideas, conceptos y procesos, de forma visual, empleando apps y herramientas tecnológicas, o dibujando "directamente a mano". Esta última opción al principio puede dar cierto miedo a los que no son muy duchos dibujando y/o tienen complejo de escasa creatividad (como es mi caso), pero lo cierto es que si se comprende bien el concepto se nos ocurrirá como mostrarlo, y que perdiendo la vergüenza se consiguen resultados más que aceptables. Más todavía si pensamos que se suelen emplear dibujos simples, trazos básicos, ideografías,... y que además disponemos de bibliotecas de iconos y tutoriales de ayuda en la red.

Así que tenemos que animarnos a volver a nuestras raíces (el dibujo es algo casi innato), a hacer más potentes nuestros mensajes (que lleguen a ambos hemisferios cerebrales), y, ¿por qué no?, ¡a pasarlo bien! Podemos inspirarnos viendo ejemplos de visual thinking o sketchnoting, o buscando artículos y experiencias educativas al respecto, o visitando este Storify  con tareas recopiladas por Eva Inglés, tutora del citado curso. También podemos empezar por echarle un vistazo a este vídeo de Dan Roam:



Imagen sin/con visualthinking tomada de extremeservicejam.
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Excursión a ninguna parte

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En casi todos los centros educativos buena parte de las horas lectivas del curso se dedican a actividades complementarias, conmemoraciones, fiestas, salidas, actividades culturales, y otras que van surgiendo sobre la marcha.

No seré yo quien diga que la enseñanza incidental no tenga cabida, pues la tiene (sería de necios desaprovechar el potencial que suponen las novedades y propuestas que nos trae el día a día, sea la oportunidad de asistir a un concierto, de ir a ver la ballena varada en la playa, o de dialogar en clase sobre el atentado del día anterior). Ni tampoco que las actividades complementarias sean poco aprovechables o estériles. Pero sí considero que lo que se haga en los centros educativos tiene que tener un porqué, un sentido,... y un referente claro de aprendizaje. Complementario significa que sirve para completar o perfeccionar algo, y ese algo es el currículo (u otro plan o proyecto de centro, por ejemplo, el PAT).

Un ejemplo claro son algunas de las salidas y excursiones. Se eligen y deciden, ¿en base a qué? Normalmente en base a la oferta que llegue al centro (abrumadora casi siempre... pero con poca base pedagógica), en base a aficiones o preferencias de los docentes (sin considerar gustos, intereses y motivaciones del alumnado, o necesidades formativas de su programación), en base a aspectos económicos, etc. Rara vez se piensa: tenemos que conseguir tal cosa, y queremos que quede mejor entendida, fijada o practicada por el alumnado: ¿a dónde podemos ir para lograrlo? Pero como este planteamiento no abunda, las más de las veces parecen algo descontextualizado (preguntémosle al alumnado sobre su relación con el aprendizaje), cuando no un simple pasatiempo (especialmente cuando son en esos días post-evaluación). Muchas excursiones acaban así yendo a algún lugar físico... pero no curricular.

Y esto es más grave cuando pensamos que la mayor parte de docentes se quejan de falta de tiempo. Porque un día por un magosto, no sé cuántas sesiones para ensayar la actuación en el festival, más una mañana para la función, sin olvidar esa excursión que justo coincide el día en que ese curso tiene con el especialista que dispone de una sola sesión semanal, más... Suma y sigue. ¿Hay que dejar de hacer estas cosas? Para nada: hay que intentar entroncarlas con lo curricular.

Nos guste o no, los colegios/institutos no son ludotecas. En los centros educativos hay un currículum que abordar y unas normas que respetar, y aunque hay actividades extra que son muy enriquecedoras culturalmente, y que fomentan aspectos positivos (convivencia, autoestima,...), antes de embarcarnos en algunas de ellas deberíamos preguntarnos como mínimo: ¿contribuye esto a lograr los objetivos que persigo (si es que los tengo claros)? ¿Guarda relación, al menos en parte, con lo que tengo que tratar en clase? ¿Reporta esto algún beneficio real al alumnado? Algunas actividades pasarán esta criba con creces: adelante con ellas. Otras nos meterán dudas, si somos sinceros: ojo con ellas, tal vez no sean pertinentes.

chezbeate, Lección regreso a la escuela. En Pixabay, CC0.

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Primer finde sin deberes

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Es interesante ver las distintas reacciones a la huelga de deberes que ha empezado este fin de semana, que está derivando en una cierta confrontación entre parte de las familias y parte de los docentes (y en el seno de esos mismos colectivos), y que tiene una cobertura mediática mayor que otras huelgas del ámbito educativo. Así, tenemos los periódicos llenos de artículos sobre los deberes en el sistema educativo actual y en el que estudiaron los ahora adultos, de diversos gráficos explicativos, de viñetas humorísticas, de las típicas encuestas (algunas muy simplistas), de debates y más debates sobre su pertinencia y sus alternativas, y obviamente de colectivos posicionándose o contraposicionándose, y hasta los más altos gurús se pronuncian al respecto. Son varias las cosas que me llaman la atención hoy:
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