Blimagen: innerables

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No nos dimos cuenta. Al principio parecía algo normal, es más, parecía algo necesario. La tecnología evolucionaba de forma acelerada y lo impregnaba todo, en ocasiones demasiado (casi diríamos que lo embadurnaba), y lo más razonable era entonces intentar introducirla en las aulas al mismo ritmo.

Cierto es que cuando se dieron las primeras bajas por estrés entre docentes obsesionados con estar a la última en apps educativas (algo en verdad imposible, porque se multiplicaban hasta el absurdo), algunas de las cuales acabaron en suicidios, hubo críticas razonables. Aquellos que llevaban tiempo advirtiendo de que un dispositivo electrónico ayudaba, pero no era la panacea y además conllevaba riesgos, elevaron sus voces. Sin embargo, la rueda TIC ya giraba muy rápido, impulsada no sólo por rebaños bienintencionados sino también por empresas e intereses diversos.

Porque esa era otra. En aquellos años coincidieron varios fenómenos que acercaron el sector económico al sistema educativo, y que indirectamente dieron más impulso a aquella inercia ya imparable. Que si educación financiera, que si privatización de servicios, que si la empresa ganando protagonismo en los centros,... No sólo a nivel de concursos y conciertos, sino que influían incluso en aspectos nimios de la vida de una escuela.

Fuimos probando lo que unos y otros nos ofrecian. Primero los productos "blandos", que sirvieron para que probásemos esa gratificación que producía estar online: wikis, blogging, redes sociales, artefactos digitales,... Después nos supo a poco, y fuimos pasando a la Realidad Aumentada, el mLearning, la robótica, o la exagerada generación de códigos QR para todo. Todavía recuerdo la extrañeza que me produjo ver por primera vez tanto a los alumnos de infantil como a sus chaquetas debidamente etiquetados con las dichosas pegatinas de cuadraditos. Y entramos en la espiral que nos llevó, sin darnos cuenta, de la internet de las cosas a los wearables, y de ahí a la integración hombre-máquina actual.

Ahora todo tiene que ser electrónico, todo tiene que ser rápido, todo tiene que ser digital,... Para algunos habitantes es la vida ideal: comodidad a cambio de que el lobby TIC marque el camino. Otros sufrimos esta situación con resignación. Apreciamos el valor de la tecnología, la de cualquier etapa que ha vivido el hombre, pero sabemos que el mundo y la vida es algo más que engullir los alimentos que nos venden para nuestros cinco sentidos. Sabemos que el mundo se puede ver a través de una pantalla, pero que LA REALIDAD ESTÁ AHÍ FUERA; fuera del ordenador y también fuera del colegio. Y por cierto, no se limita a unos y ceros.


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Entrada distópica escrita con motivo del reto #blimagen lanzado por @xarxatic, al que me animo motivado por otros post del mismo autor (p.ej. 12) y los inspiradores escritos de @eraser en su creativo blog.

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